Aprovechando los botes de conservas que se nos van quedando vacíos vamos a hacer unos farolillos de estilo moruno que darán una luz muy cálida en cualquier rincon. Nos hemos juntado un grupo de amigas después de vaciar nuestras despensas y en una mañana hemos preparado una gran cantidad de ellos para una próxima fiesta que vamos a organizar.
Solo necesitamos
Botes de cristal de distintas formas y tamaños
Pintura para cristal de colores básicos (se pueden mezclar para obtener otros nuevos)
1tubo de pintura en relieve
Pincel
Disolvente para la limpieza
En primer lugar lavamos muy bien los botes y los dejamos secar. A continuación con un pincel tamaño medio vamos pintando el bote con la pintura para cristal, en nuestro caso hay quien los ha pintado por fuera y quien lo ha hecho por dentro, lo unico mas complicado es sujetar el bote a medida que nos quedamos sin superficie de apoyo , esto es mas fácil si lo pintamos por la parte interior. Lo dejamos secar para poder hacer los dibujos del relieve, por ello es aconsejable hacer varios a la vez y mientras unos secan vamos decorando otros sin tener que esperar demasiado.
Para hacer el dibujo conviene dividir desde el principio de alguna manera el borde en cuatro lados, para facilitar las proporciones y que quede mas o menos igual. Si nos fijamos bien la mayoría de los frascos tienen una raya longitudunal que se aprecia mas en un lado, ahí podemos marcar una linea o puntitos, algo que nos sirva de referencia y justo al lado contrario tenemos la otra. Con estas bien marcadas es fácil dividir estas dos partes en otras dos. Y ahora a decorar a nuestro gusto, podemos mirar antes algún símbolo que nos guste para reproducir o lanzarnos e ir improvisando, cuando hemos hecho un par de ellos compribamos que dibujos nos van dando mejor resultado.
Combinando colores del cristal y cordones para el relieve obtendremos una gran variedad de modelos. Al final hemos colocado un poco de alambre sobre la boca de algunos para poder colgarlos y aqui esta el resultado después de haber pasado un rato estupendo.
Con lo que he protestado de pequeña cuando había legumbres... ahora me encantan, son saludables, versátiles, sabrosas, fáciles de preparar y se pueden dejar hechas con antelación, ¡que mas se puede pedir!.
Esta manera de comer legumbres en verano es realmente fácil y refrescante.
Necesitamos para cuatro personas.
100 gr de alubias por persona (se puede sustituir por dos botes de alubias ya cocidas)
3 tomates
1 cebolleta (o cebolla pero la primera es mas suave)
1 pimiento verde
1 pimiento rojo
1 huevo duro (opcional)
Aceite, vinagre, mostaza y sal
Un poco de perejil picado
Cocemos las alubias en agua con unas hojas de laurel hasta que estén tiernas, dejamos enfriar y escurrimos, si son de frasco las lavamos bien antes de usar.
Picamos todas las verduras en trozos muy pequeños y las añadimos a la fuente. Aparte preparamos una vinagreta con tres partes de aceite una de vinagre, una cucharadita de mostaza y sal al gusto, removemos bien y vertemos sobre la ensalada de alubias. Dejar reposar para que se mezclen bien los sabores y servir con un poco de perejil pocado por encima.
Es un plato muy sencillo y completo , algo olvidado por las modas gastronómicas que nos llevan a hacer otro tipo de cosas.
A tan solo unas horas por carretera de la española ciudad de Melilla y atravesando unos paisajes propios del sur, llegamos a un lugar que nos transporta a otro mundo y otra epoca , Féz. El bullicio de su Medina, la majestuosidad de su arquitectura, el encanto de los artesanos trabajando en la calle...no sabría elegir un único motivo para visitar esta caótica ciudad en la que hace casi quinientos años murió Boabdil, el último emir del reino nazarí y hace solo unas décadas nació la esposa del actual rey de Marruecos, la princesa Lalla Salma.
Es una de las cuatro ciudades imperiales y conserva parte de todas las civilizaciones que han pasado por ella, el barrio judío, la expansión hecha por los franceses...
Con tres zonas apenas diferenciadas Medina Féz el -Bali, Medina Féz el -Jdid y la Ville Nouvelle, es en la primera donde se concentran la mayor parte de los intereses turisticos, en un enmarañado laberinto de calles entre las que es totalmente imposible orientarse encontramos preciosas madrazas como la Attarine, mezquitas como la impresionante Al Karaouine y sobre todo barrios de artesanos que siguen manteniendo los oficios de toda la vida como el de los caldereros, curtidores... sin olvidar la animada Puerta Azul (Bab Bou Jeloud) uno de los accesos más transitados a la medina.
Segun la tradición cada barrio debe tener una panaderia , una mezquita,un hamman, una fuente y una escuela coránica.
Es una ciudad para recorrer con los cinco sentidos, llena de colores, olores, sonidos...donde los burros recorren los callejones como único medio de transporte y la llamada a oración desde lo mas alto de los minaretes envuelven toda la Medina.
Algo mas apartado y junto al barrio judío (La Mellah) encontramos el majestuoso Palacio Real que, desgraciadamente, no se puede visitar y hay que conformarse con hacerse la foto en la fachada principal delante de las siete puertas doradas.
La oferta hotelera es muy variada siendo lo mas típico alojarse en un Riad o Dar que son casas con pocas habitaciones y mucho encanto, de estilo tradicional , con una decoración característica y una gastronomía que hará las delicias de cualquier paladar.
Habría tanto que contar de Féz que resulta casi imposible, merece un viaje por si sola, aunque a poca distancia encontramos la mas humilde de las cuatro ciudades imperiales Meknés o Mequinez, pequeña, mas tranquila y con mucha magia y un poco mas allá las impresionantes ruinas de la ciudad romana de Volubilis.